
Los movimientos recientes en las valoraciones de acciones vinculadas a la inteligencia artificial (IA) están generando alertas entre diversos analistas financieros. Se observa que los precios actuales en el sector tecnológico estadounidense están alcanzando niveles comparables a los que precedieron al estallido de la burbuja puntocom a fines de los años 90. En concreto, el índice de precio-beneficio económico utilizado por UBS supera las 35 veces, un indicador de que gran parte del valor esperado se basa en flujos futuros más que en ganancias actuales.
Este fenómeno sucede en un contexto donde las inversiones en IA están en auge, con grandes empresas tecnológicas estadounidenses proyectando gastos récord en capital, de hasta 350 mil millones de dólares para este año, superando la inversión combinada de empresas de energía y servicios públicos en Estados Unidos y Europa. No obstante, existen riesgos asociados como limitaciones en el suministro eléctrico para centros de datos, incertidumbres sobre la rentabilidad a corto plazo y la intensificación de la competencia a nivel global.
Dentro de este entorno, firmas como Truist Securities han mejorado su recomendación para Advanced Micro Devices (AMD), destacando su creciente participación en centros de datos y proyectos de IA, así como incrementos en sus expectativas de ganancias para el año 2027. En contraste, Bank of America ha rebajado la calificación de Marvell Technology pasando de comprar a neutral debido a perspectivas más moderadas de crecimiento en IA y un escenario de ventas revisado a la baja.
Por otra parte, ambiciosos fabricantes emergentes como Ambiq Micro, especializados en chips de baja potencia para IA en el borde de la red, reciben opiniones mixtas entre los analistas. Mientras algunos anticipan un crecimiento significativo vinculado a su tecnología propietaria, otros advierten que la rentabilidad podría tardar en materializarse.
Finalmente, RBC Capital Markets ha cuestionado la idea de que la IA implique la desaparición de la programación tradicional, sugiriendo que el mercado se equilibrará entre nuevas empresas aprovechando la IA y firmas establecidas que capitalizan sus datos para mantenerse competitivas. Esta compleja dinámica subraya un futuro que, si bien prometedor en innovación, también exige cautela por parte de los inversores frente a valoraciones elevadas y retos operativos.




































































































