
En diversas ciudades de Estados Unidos y también en Madrid, comunidades venezolanas celebraron la captura de Nicolás Maduro, expresando esperanza por un cambio en el país aunque con cautela ante la incertidumbre que persiste tras su remoción forzada por fuerzas estadounidenses. En Doral, Florida, un centro de la diáspora venezolana, se vivieron momentos de júbilo con cánticos patrióticos, caravana de automóviles ondeando banderas y expresiones de apoyo a Donald Trump, reconocido por su papel en la operación.
Sin embargo, la situación en Caracas reflejaba una realidad distinta, con calles tranquilas y ciudadanos enfrentando la crisis en supermercados y estaciones de servicio, preocupados por el futuro inmediato. En ciudades como Katy, Texas, y en Madrid, donde residen cerca de 400,000 venezolanos, las celebraciones evidenciaron un sentimiento de esperanza cautelosa sobre un posible proceso hacia la democracia después de años de dificultades económicas y políticas.
A pesar de la alegría por la caída de Maduro, numerosos migrantes manifestaron dudas sobre los planes de la administración Trump, quien anunció que Estados Unidos gobernaría temporalmente Venezuela, enfatizando la necesidad de reparar la infraestructura petrolera y atender a la población local. Figuras como la activista Adelys Ferro demandaron un enfoque más humano y protección para los venezolanos en EE.UU., criticando la visión oficial que los ha vinculado a la delincuencia.
Mientras tanto, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, rechazó el enfoque de intervención estadounidense y advirtió sobre las implicaciones de un cambio de régimen. La comunidad venezolana se mantiene expectante a la conformación de un gobierno de transición y a las condiciones que permitan un retorno seguro y viable a Venezuela, que muchos ven como una oportunidad para invertir y reconstruir el país.




































































































