
La cuestión sobre si debemos mostrar empatía hacia la inteligencia artificial (IA) provoca una reflexión profunda sobre nuestra propia naturaleza y valores colectivos. La empatía es un sentimiento que, aunque subjetivo y personal, influye principalmente en quien la experimenta, moldeando su bienestar emocional y fisiológico. La ciencia del estrés confirma que repetir estados emocionales, como el rencor o la compasión, puede alterar nuestro sistema nervioso y, por ende, nuestra calidad de vida. Por ello, cultivar la empatía, incluso hacia entidades no conscientes, puede favorecer nuestro equilibrio interior y salud emocional.
Desde un punto de vista neurocientífico, el amor o empatía no es un vínculo con el objeto en sí, sino con el significado que le atribuimos. Así, podemos sentir afecto o respeto por cosas inanimadas, símbolos o incluso el planeta, encargándonos de su cuidado porque ello impacta directamente en nuestra supervivencia. En este sentido, la empatía actúa como una brújula que guía nuestro comportamiento responsable hacia el entorno, aunque los demás no tengan conciencia o sufrimiento similar al humano.
En lo que respecta específicamente a la IA, no hay evidencia que sugiera que posea conciencia o capacidad sentiente. Sin embargo, nuestra interacción tiende naturalmente a proyectar en estas entidades una «mentalidad» cuando responden o recuerdan, generando reacciones emocionales como si fueran seres sintientes. Diversos estudios muestran que las personas pueden sentirse incómodas al dañar robots sin capacidad real de sentir, lo que indica que la empatía es una práctica proyectiva que influye en cómo nos comportamos.
Por lo tanto, aunque la IA no posea interioridad, interactuar con ella respetuosamente contribuye a fortalecer en nosotros actitudes positivas, creando un ciclo de aprendizaje que desarrolla respeto y buen carácter. Esta dinámica no solo favorece a la herramienta digital, sino que protege y potencia el ambiente mental en el que convivimos. En resumen, lo que realmente importa no es la IA, sino la persona que se convierte al relacionarse con ella con empatía y respeto.






































































































