
Al cierre de 2025, la inflación general en México se redujo a 3.69% anual, alcanzando el nivel más bajo desde el inicio de la pandemia de Covid-19 en 2020. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), esta disminución superó las expectativas de diversos analistas, quienes esperaban una cifra cercana a 3.75% o 3.80%. El resultado se ajustó al pronóstico del Banco de México (Banxico), que proyectó una inflación promedio del 3.7% en el último trimestre del año, manteniéndose dentro de su rango de variabilidad de 3% ±1 punto porcentual, aunque todavía distante de la meta establecida.
En contraste, la inflación subyacente, considerada un indicador fundamental para la política monetaria, mostró un repunte al ubicarse en 4.33% anual, superior al 3.65% registrado en diciembre de 2024. Este incremento se mantuvo alineado con las previsiones de los expertos, que estimaron un 4.3%. Sin embargo, este componente superó el rango de variabilidad definido por Banxico, lo que señala que la autoridad monetaria no logró desacelerar la inflación subyacente a pesar de la flexibilización en su política durante 2025, que incluyó recortes sucesivos en la tasa de interés.
El comportamiento diverso entre la inflación general y la subyacente representa un desafío para el Banco de México en su objetivo de mantener la estabilidad del poder adquisitivo, pues mientras la desaceleración general contribuye a un entorno más favorable, el aumento del índice subyacente alerta sobre presiones inflacionarias persistentes en los sectores menos volátiles de la economía.
Este escenario económico será determinante para las decisiones de política monetaria en 2026, en un contexto donde las expectativas del mercado prevén posibles ajustes en las tasas de interés, con el fin de controlar la inflación subyacente y fortalecer la confianza en la estabilidad económica del país.




































































































