
La más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) realizada en diciembre de 2025 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestra un aumento en la percepción de inseguridad entre la población urbana de México, alcanzando un 63.8%. Este dato representa a millones de personas que experimentan en su día a día la inseguridad, modificando sus rutinas y evitando salir en ciertos horarios o lugares.
A pesar de que el gobierno ha implementado una estrategia basada en la militarización, con la Guardia Nacional como actor principal, los resultados han sido insuficientes. La aprobación de la Guardia Nacional es menor (70%) respecto a la Marina (83%) y el Ejército (79.7%). Además, las policías municipales, quienes deberían ser el primer contacto con la ciudadanía, solo tienen un 46% de aprobación, reflejando la falta de confianza local.
Además, 23 ciudades presentaron un aumento significativo en la percepción de inseguridad, destacando Uruapan, Culiacán, Ciudad Obregón y Ecatepec, donde las estrategias no se ajustan a las condiciones específicas locales. Por ejemplo, en Culiacán, las operativas de alto impacto desmantelan estructuras criminales sin eliminar las redes que las sostienen, generando disputas violentas por el control de territorios. En Ecatepec, la falta de coordinación entre autoridades se refleja en la escasa presencia policial y el abandono de colonias, lo que aumenta la percepción de peligro.
Los espacios públicos también contribuyen a esta sensación de inseguridad. Lugares como cajeros automáticos, calles, transporte público y carreteras carecen de vigilancia efectiva, iluminación adecuada y tecnología para garantizar la protección de los ciudadanos. Esta situación se agrava con presupuestos insuficientes en prevención del delito y salarios bajos para policías municipales, que carecen de capacitación y apoyo.
Expertos en seguridad señalan que para revertir esta situación se requiere una profunda profesionalización de las fuerzas policiales locales, fortalecer la prevención con inversiones en infraestructura urbana y programas comunitarios, así como implementar modelos de proximidad y participación ciudadana. La percepción del aumento de inseguridad refleja una realidad compleja, que necesita más que operativos militares, requiere políticas integrales enfocadas en causas profundas y fortalecimiento del tejido social.




































































































