
Desde el 1 de enero de 2026, Estados Unidos empezará a aplicar un impuesto del 1% a las remesas enviadas desde ese país hacia México, una medida incorporada en la Ley Fiscal impulsada por Donald Trump. Este gravamen afecta el envío de dinero en efectivo, cheques y money orders, y se estima que podría generar hasta 10 mil millones de dólares para el gobierno estadounidense entre 2026 y 2034.
No obstante, este impuesto no representa una preocupación significativa para México, principal destinatario de estas transferencias, principalmente porque la mayoría de los migrantes mexicanos realizan sus envíos a través de transferencias electrónicas, las cuales están exentas del impuesto. De hecho, el 99.1% de las remesas llegan vía electrónica, mientras que solo 0.7% se envían en efectivo y 0.2% mediante money orders.
El Comité Conjunto de Tributación de Estados Unidos calculó que las remesas provenientes de migrantes mexicanos contribuirán aproximadamente con 3 mil millones de dólares de los ingresos generados por este impuesto. Sin embargo, las remesas hacia México han mostrado una tendencia a la baja en los últimos meses, acumulando una disminución del 5.7% solo en noviembre pasado, lo que representa el octavo mes consecutivo con reducción.
En promedio, los migrantes mexicanos envían alrededor de 7 mil 83 pesos mexicanos, y dado que la mayoría utiliza cuentas bancarias para hacer transferencias electrónicas, este impuesto tiene un impacto limitado en el flujo de dinero hacia México. Por ello, a pesar de la aplicación de esta tasa, México no debería verse gravemente afectado por esta medida fiscal estadounidense.




































































































