
Empresarios de México y Estados Unidos mantienen conversaciones centradas en las reglas de origen dentro del proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un tema crucial especialmente para la industria automotriz. José Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), explicó que ambas partes trabajan para determinar las condiciones más convenientes en cuanto a contenido regional en las mercancías, reconociendo la alta integración de las cadenas productivas en el sector automotor.
Medina Mora destacó que los vehículos fabricados en México llegan a cruzar la frontera hasta siete veces, lo que ilustra la interdependencia entre las industrias de ambos países. En este sentido, afirmó: “Sí es un tema que se está dialogando, se tendrá que trabajar con mucho detalle, con mucho cuidado para beneficio del sector tanto en México como en Estados Unidos”. Estas discusiones avanzan en paralelo a las negociaciones oficiales programadas para iniciar el 1 de julio de 2026.
El capítulo 4 del T-MEC establece las reglas de origen, que determinan qué productos califican para trato arancelario preferencial basándose en el porcentaje de contenido regional. Actualmente, para el sector automotriz, este nivel está fijado en 75%. Asimismo, existen conversaciones sobre posibles reducciones arancelarias. Humberto Martínez Cantú, presidente de Index Nacional, que representa a la industria maquiladora, apuntó que están en diálogo frecuente con autoridades y empresarios estadounidenses para analizar ajustes en la aplicación de los aranceles y promover mayor proveeduría mexicana.
Por su parte, Víctor Gómez Ayala, economista jefe de Finamex Casa de Bolsa, indicó que aunque la mayoría de las partes interesadas quiere mantener el T-MEC sin cambios, Estados Unidos buscará que se incrementen las exigencias en las reglas de origen, lo cual implicaría para México avanzar en la incorporación en las cadenas productivas de procesos asociados a industrias intensivas en energía. Para conseguirlo, Gómez Ayala subrayó la necesidad de ampliar la participación privada en el sector energético mexicano. En conjunto, estas discusiones reflejan la complejidad de equilibrar intereses comerciales y productivos entre los socios del tratado.



































































































