
En México, cerca de 18 millones de personas tienen 60 años o más, representando el 14% de la población total. Este segmento no solo participa activamente en la vida familiar, sino también en la economía, al realizar compras, reservar viajes y decidir las marcas en sus hogares. A pesar de ello, su presencia en la publicidad es escasa y, cuando aparece, habitualmente se limita a estereotipos que no reflejan la diversidad y vitalidad de este grupo.
Las empresas mantienen una deuda significativa con los consumidores mayores, ya que, pese a su poder adquisitivo y su influencia, siguen siendo invisibilizados o encajados en roles simplistas que no corresponden a sus variadas experiencias y preferencias. Reconocerlos como un público relevante puede abrir oportunidades para construir conexiones más auténticas y efectivas.
Ejemplos internacionales muestran campañas que han logrado mostrar a los adultos mayores como personas activas y diversas: desde reconocer la vitalidad de quienes superan los 100 años, hasta exhibir a abuelas participando en actividades poco convencionales. Además, los adultos mayores que actúan como influencers en redes sociales rompen la percepción común de que este grupo no utiliza tecnología, demostrando su capacidad para generar amplio alcance y engagement.
El desafío para las marcas consiste en dejar atrás la visión simplista basada solo en la edad y enfocarse en estilos de vida, incluyendo el diálogo intergeneracional en su comunicación y evitando clichés. Incluir de manera genuina a los adultos mayores no solo humaniza las marcas, sino que también reconoce que ellos son consumidores activos, con deseos, aspiraciones y decisiones de compra que enriquecen el mercado actual.




































































































