
La etiqueta “Made in China” ha experimentado una transformación significativa en la percepción global. Lo que antes se asociaba con productos de baja calidad, hoy representa un símbolo de innovación y desarrollo tecnológico. Este cambio se refleja también en el ámbito financiero, donde empresas chinas como Alibaba, Tencent, TSMC y Xiaomi se consolidan como opciones atractivas para los inversionistas internacionales.
Expertos destacan que dos momentos clave marcaron el avance del mercado financiero chino: su apertura a comienzos de los 2000 y la inclusión de sus grandes corporaciones en índices bursátiles globales en 2018, principalmente en Estados Unidos y Europa. Este último paso suavizó el acceso de capitales extranjeros y fortaleció la presencia de China en las finanzas mundiales.
Según datos recientes, los fondos globales que invierten en acciones chinas crecieron un 50% interanual en 2024, con entradas que superaron los 75,000 millones de dólares. Estas cifras evidencian la creciente confianza en empresas chinas, impulsada por nuevas políticas de estímulo fiscal y monetario de Beijing que buscan dinamizar la economía interna.
Estrategas destacan además el rápido desarrollo de tecnología en sectores como inteligencia artificial, telecomunicaciones y automotriz, posicionando a China como un polo de innovación. Aunque el mercado accionario chino aún presenta ciertos riesgos debido a tensiones comerciales y controles regulatorios, la mayoría coincide en que ofrece oportunidades de diversificación atractivas. Los inversionistas deben, sin embargo, evaluar con prudencia, considerando la necesidad de permisos especiales para acceder a estas inversiones y el contexto geopolítico actual.




































































































