
El progreso económico y el desarrollo humano en México demandan la implementación de políticas públicas estratégicas que fomenten un entorno propicio para la inversión y la innovación. No existen destinos inmutables para un país; el estancamiento o el avance dependen fundamentalmente de las decisiones de los gobiernos, el sector empresarial y la participación ciudadana.
Al analizar distintas economías, se observa que naciones como Japón han alcanzado gran desarrollo mediante planes estructurados y políticas acertadas, mientras otros países luchan contra crisis económicas y falta de estabilidad. En México, la resignación ante los problemas de pobreza e inequidad no debe ser una opción, ya que estas situaciones son resultado de sistemas inequitativos y discursos erróneos que justifican su persistencia.
Para detonar un crecimiento sostenido es indispensable establecer condiciones que incentiven la inversión, acompañadas de estrategias claras para promover la creación y consolidación de nuevas empresas con base en la innovación. Además, elevar los ingresos de los trabajadores, a través de estímulos públicos para salarios más competitivos durante periodos clave, podría incrementar el poder adquisitivo y disminuir la informalidad laboral, beneficiando la economía nacional.
Finalmente, es necesario superar la cultura de paliativos para la pobreza y la desigualdad y avanzar hacia un modelo que garantice oportunidades de prosperidad y servicios públicos de calidad para toda la población. El cambio de paradigma requiere audacia, creatividad y compromiso de todos los sectores para construir un futuro más próspero y equitativo.



































































































