
Un creciente número de buques petroleros está desviando sus rutas para evitar llegar a Venezuela debido al riesgo de incautaciones decretadas por el gobierno de Estados Unidos. Esta medida se enmarca en la campaña de presión que busca impedir que los ingresos petroleros financien actividades ligadas al narcotráfico y terrorismo, según denuncias emitidas por Washington.
De acuerdo con registros marítimos recientes, al menos siete embarcaciones han cambiado su camino o permanecen detenidas en alta mar. Esto se suma a incidentes anteriores, como el abordaje de fuerzas estadounidenses al buque Skipper, y la incautación de dos petroleros más. La escasez de buques que acepten transportar crudo venezolano ha provocado que los tanques de almacenamiento del país sudamericano estén al límite, obligando a la empresa estatal Petróleos de Venezuela a detener varios pozos. En la importante cuenca del río Orinoco, la producción petrolera cayó un 25% sólo a finales de diciembre.
Por su parte, el presidente Donald Trump ha reiterado las acusaciones contra el régimen de Nicolás Maduro, señalándolo de utilizar las ganancias del petróleo para financiar el tráfico de drogas y el terrorismo. Estas acciones han sido acompañadas de sanciones a empresas y embarcaciones vinculadas con el comercio petrolero venezolano, incluyendo algunas de origen chino, además de ataques contra embarcaciones consideradas ilegales.
Desde Venezuela, el gobierno ha rechazado las acusaciones y tildado las acciones estadounidenses de ilegales. Mientras tanto, la petrolera Chevron mantiene operaciones de extracción en Venezuela amparada por una licencia especial del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, en medio de este contexto de tensión comercial y política.




































































































