
La mayoría de los integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) mostraron una posición mayoritariamente cautelosa respecto a continuar con los recortes en la tasa de interés. Esta postura se fundamenta en la necesidad de monitorear el impacto inflacionario derivado del aumento en impuestos y aranceles que entraron en vigor al comenzar 2026.
En la minuta correspondiente a la sesión del 18 de diciembre de 2025, donde se decidió reducir la tasa de política monetaria en 25 puntos base hasta un nivel del 7%, se deja en claro que cuatro de los cinco miembros preferirán avanzar con mayor prudencia y gradualidad en cualquier movimiento futuro. Algunos enfatizaron que, aunque el ciclo de recortes no se ha cerrado, cualquier ajuste debe hacerse con suma precaución para validar los efectos reales sobre la inflación.
El subgobernador Jonathan Heath presentó una opinión divergente al señalar que, si la inflación no converge a la meta del 3% en los tiempos previstos, habrá que considerar incluso un aumento en la tasa nuevamente. “Hay que tomar con reserva ajustes a la baja sustentados en proyecciones poco creíbles”, advirtió, destacando que la tasa debería mantenerse hasta contar con evidencias claras sobre la trayectoria inflacionaria.
Este enfoque precavido se debe a que en 2026 se implementaron nuevos gravámenes, como el alza del impuesto a productos como refrescos, bebidas saborizadas, cigarros y gasolina, así como aranceles a importaciones de diversos productos desde China y otros países asiáticos. Aunque el alza de precios se considera transitoria, Banxico vigilará que no se convierta en una presión generalizada sobre la inflación. La evaluación futura de la política monetaria dependerá estrictamente del comportamiento de los datos económicos y la confirmación de un avance sólido hacia la meta inflacionaria.




































































































