
El presidente Donald Trump ha fijado como plazo el 20 de enero para que los bancos estadounidenses reduzcan las tasas de interés aplicadas a las tarjetas de crédito, una medida con clara orientación electoral de cara a las próximas elecciones intermedias. Sin embargo, especialistas advierten que esta iniciativa podría no beneficiar a los usuarios y generar efectos adversos tanto en la rentabilidad bancaria como en los beneficios a los consumidores.
Trump anunció en sus redes sociales su intención de limitar las tasas al 10%, aproximadamente la mitad del nivel actual, donde el promedio ronda el 20% para la mayoría de los titulares y puede alcanzar hasta un 40% para quienes tienen mal historial crediticio. Esta medida busca aliviar el costo financiero para los usuarios en un contexto donde la inflación y el encarecimiento de la vida son preocupaciones centrales para la población.
Ejecutivos de grandes instituciones como Citigroup y Bank of America rechazaron la propuesta, al señalar que poner un tope a las tasas limitaría las opciones de crédito que pueden ofrecer y reduciría las ganancias de los bancos. Para compensar, las entidades financieras podrían restringir los beneficios habituales como puntos de recompensa o cashback, e incluso reducir líneas de crédito, afectando principalmente a los clientes con historial crediticio más débil.
Analistas señalan que si bien en el corto plazo los titulares podrían experimentar un descenso en los pagos de intereses, a mediano y largo plazo podrían enfrentar una menor oferta crediticia y recurrir a esquemas alternativos menos regulados o ilegales. Además, hasta ahora esta iniciativa carece de respaldo legal para su implementación inmediata y requiere aprobación del Congreso, por lo que su impacto y ejecución aún son inciertos. Por el momento, expertos consideran que esta medida no tendría consecuencias directas para el sistema financiero mexicano.




































































































