
Cuatro monedas latinoamericanas se posicionan entre las más sólidas frente al dólar dentro de los mercados emergentes durante lo que va del año. El peso chileno lidera con una apreciación del 5,14%, seguido por el real brasileño con un 4,79%, el peso mexicano con un 4,56% y el peso colombiano con un 4,03%, según datos recientes.
Otros activos que también muestran fortaleza en estos mercados incluyen el rand sudafricano, el rublo ruso, el ringgit malayo, el forinto húngaro, el renminbi chino y el zloty polaco. Esta dinámica responde a una combinación de factores coyunturales y estructurales. Por un lado, la incertidumbre en la economía estadounidense —debido a tensiones geopolíticas y políticas arancelarias— ha impulsado la adopción de posturas defensivas y mayor aversión al riesgo hacia el dólar.
Adicionalmente, existe una tendencia más amplia que refleja el elevado endeudamiento de Estados Unidos y la persistencia de la inflación, así como el creciente protagonismo de China en la economía global, que ha llevado a un reajuste en las reservas internacionales y un aumento en la demanda de metales preciosos. La subida en los precios de commodities como el cobre, oro y petróleo beneficia directamente a las monedas latinoamericanas, dado que varias de estas economías son exportadoras de dichos recursos.
Estos elementos han generado que, a pesar de un reciente repunte del dólar impulsado por movimientos políticos como la nominación de Kevin Warsh al Banco Central estadounidense, se mantenga un apetito por el riesgo en la región. El contrapeso viene dado por factores como la liquidez, el carry trade atractivo y narrativas estructurales, entre ellas el nearshoring en México y las expectativas sobre la demanda internacional de commodities. Analistas coinciden en que, aunque la volatilidad puede persistir, los fundamentos que sostienen la fortaleza de las monedas en Latinoamérica continúan vigentes en 2026.



































































































