
Los trabajadores de la mina Centinela, controlada por Antofagasta Plc en Chile, intensificaron una huelga de tres días y tres sindicalistas iniciaron una huelga de hambre para presionar a la empresa a retomar negociaciones. La movilización incluye un campamento de unos 50 miembros del sindicato en el distrito financiero de Santiago y protestas en la faena en el norte del país.
Los sindicatos señalan que el conflicto se centra en diferencias salariales y de beneficios entre empleados que realizan las mismas funciones pero están afiliados a distintos convenios colectivos. Los dirigentes han pedido un trato igualitario y respetuoso; en ese contexto, José Manuel Díaz, presidente de la principal federación laboral de Chile, hizo un llamado a la familia Luksic, controladora de Antofagasta, para que la compañía vuelva a la mesa de diálogo.
Antofagasta rechazó que exista discriminación y atribuyó las diferencias a convenios negociados en momentos distintos. La empresa dijo que está dispuesta a seguir conversando y ofreció un aumento real del 2% en salarios base y una bonificación en efectivo cercana a US$23,000 por trabajador. La huelga afecta a 709 empleados, alrededor del 22% de la plantilla de Centinela, aunque la compañía mantiene sus previsiones de producción por ahora.
Los sindicatos advirtieron que el impacto de la paralización se acumulrá con el tiempo y anticiparon una posible caída de la producción de cobre cercana al 50% en noviembre si la huelga se prolonga. En paralelo, supervisores de la mina Escondida del Grupo BHP están en mediación obligatoria para evitar una huelga que podría comenzar el martes, lo que refleja un aumento general de las tensiones laborales en la minería chilena en medio de precios elevados del cobre.



































































































