
En el mundo corporativo, la permanencia en posiciones de poder a menudo depende más de quienes son capaces de imponerse con volumen y tiempo de palabra que de quienes realmente poseen talento o argumentos sólidos. Esta realidad, evidenciada en estudios que asocian el liderazgo a la mayor cantidad de intervenciones en reuniones, crea un entorno propicio para el abuso y la intimidación, conocido comúnmente como ‘bullying’ empresarial. Estos comportamientos se mantienen activos mientras haya quienes acepten mantenerse en estas dinámicas para no perder contratos, empleos o alianzas comerciales.
Se ha naturalizado la idea de que levantar la voz equivale a ejercer control, construyendo en muchas organizaciones un sistema donde la intimidación limita la toma de decisiones y bloquea oportunidades de crecimiento. Sin embargo, la verdadera fortaleza en un liderazgo radica en la inteligencia y en la capacidad de construir y guiar, no en la de imponer miedo. Un líder auténtico desarrolla dirección y merece ser seguido, mientras que un abusador desgasta y limita la colaboración.
La negociación emerge como una herramienta clave para contrarrestar estas situaciones. Para representar adecuadamente los intereses propios y evitar abusos, es fundamental establecer límites claros antes de iniciar cualquier diálogo, pues el poder de quien abusa se desvanece cuando el interlocutor está dispuesto a abandonar la mesa si se traspasa la línea establecida. Además, saber escuchar y hacer preguntas precisas elimina la ventaja emocional del abusador, quien depende del caos para ejercer control. La gestión del propio estado emocional es igualmente crítica para mantener la calma y reducir el impacto de la intimidación.
Los líderes deben practicar la autocrítica para identificar si han caído involuntariamente en conductas autoritarias. La reflexión sobre el respeto versus el miedo que generan en su entorno laboral y comercial es fundamental. El ciclo de abuso se rompe cuando se comprende que el poder no reside en imponer por fuerza, sino en la capacidad de liderazgo que se construye desde la inteligencia y el respeto mutuo. De esta manera, el coraje auténtico es el que permite levantarse de la mesa y reclamar condiciones justas.



































































































