
China actualmente domina el mercado global de las tierras raras, al controlar las mayores reservas y registrar alrededor del 61% de la producción mundial. Esta posición estratégica ha generado preocupación en Estados Unidos, que busca disminuir su dependencia mediante una fuerte inversión de miles de millones de dólares en su propia producción y cadena de suministro. El objetivo es reducir la vulnerabilidad ante posibles tensiones comerciales o geopolíticas con China y consolidar una mayor autonomía en estos minerales esenciales para sectores tecnológicos y de defensa. Este esfuerzo se enmarca en una estrategia a largo plazo para equilibrar la competencia con China y asegurar recursos críticos en la economía mundial.



































































































