
México se encuentra a meses de recibir el Mundial 2026 con tres escenarios en el país, pero ni las instalaciones ni el equipo nacional están completamente preparados. El entrenador cuenta con un contrato sólido más por precaución que por resultados destacados, y la afición muestra escasa confianza en que el equipo tenga un desempeño exitoso. Simultáneamente, la percepción de inseguridad entre la población supera el 60%, evidenciando un claro distanciamiento entre los datos oficiales y la experiencia común de los ciudadanos.
Estas dos situaciones reflejan un patrón recurrente en el país: la incapacidad para desarrollar y mantener proyectos colectivos a mediano y largo plazo. Tanto en el deporte como en la seguridad pública, prevalece una lógica de acciones cortoplacistas, cambios frecuentes y estrategias que responden a presiones inmediatas, más que a una visión sostenida.
El análisis de diferentes enfoques, como los ejemplificados en el fútbol por los entrenadores Marcelo Bielsa y Ricardo La Volpe, muestra que los modelos de trabajo efectivos requieren combinar cimientos firmes con una ejecución táctica eficaz. De manera similar, la seguridad pública adolece de una coordinación que trascienda ciclos gubernamentales. La figura del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ejemplifica esta desconexión, al limitar su función a la coordinación oficial sin generar políticas duraderas.
Por otro lado, iniciativas como las lideradas por Omar García Harfuch destacan la importancia de una metodología clara basada en inteligencia policial, dignificación de los agentes y proximidad comunitaria. Sin embargo, estos esfuerzos necesitan respaldo y continuidad gubernamental para construir sistemas sólidos. Las propuestas para mejorar la seguridad incluyen asegurar la profesionalización de la policía, dotar al SESNSP de autonomía real, garantizar recursos constantes para prevención, establecer observatorios de violencia con participación ciudadana y, fundamentalmente, dejar de reiniciar los programas con cada cambio de administración.
La preparación para un evento de la magnitud del Mundial 2026 y la seguridad pública en México enfrentan desafíos similares: la falta de visión y compromiso para sostener proyectos que den resultados reales y duraderos. El reto principal será trascender la improvisación y la retórica para consolidar modelos que aseguren un progreso tangible más allá del corto plazo.


































































































