
A lo largo de las últimas décadas, los presidentes de la Asociación de Bancos de México (ABM) han desempeñado un papel fundamental en la defensa y negociación de los intereses del sector bancario mexicano ante distintos escenarios económicos y políticos. Desde su fundación en 1928, la ABM ha servido como intermediario entre el gremio bancario, el gobierno, organismos internacionales y otras entidades financieras.
En los últimos años, el gremio ha vivido coyunturas complejas, como las amenazas de regulación sobre las comisiones bancarias durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando la posibilidad de limitar estas comisiones impactó incluso en la Bolsa Mexicana de Valores. Bajo la presidencia de Luis Niño de Rivera, los bancos respondieron con una propuesta para reducir el número de comisiones y evitar la regulación.
Posteriormente, durante la pandemia de COVID-19, la ABM enfrentó la crisis económica y sanitaria que afectó al país. Con Daniel Becker al frente, la banca sostuvo una morosidad controlada y promovió el financiamiento para pequeñas y medianas empresas como vía para reactivar la economía. Además, se dio un momento histórico con la venta de Banamex, operación que atrajo gran atención en el gremio.
Recientemente, Emilio Romano, presidente actual, ha tenido que gestionar temas delicados como las acusaciones de lavado de dinero contra algunas instituciones y ha fortalecido la comunicación con autoridades mexicanas y estadounidenses. Asimismo, la convención bancaria más reciente informó sobre acuerdos para incrementar el crédito a pymes y reducir tarifas en gasolineras, buscando un equilibrio entre la banca y políticas públicas. Estos desafíos reflejan la constante adaptación que los líderes de la ABM deben afrontar en un entorno financiero y político cambiante.


































































































