
El avance de los vehículos eléctricos en México, promovido por el Gobierno federal en colaboración con asociaciones y empresas, principalmente de origen chino, encuentra obstáculos que impiden su adopción masiva. Estos autos presentan ventajas claras, como la disminución de emisiones contaminantes, menores costos de recarga y operación más silenciosa; sin embargo, enfrentan desafíos importantes en infraestructura, capacitación técnica y regulación.
Karla Cedano, del Instituto de Energías Renovables de la UNAM, explicó que aunque los autos eléctricos no generan emisiones directas, falta consolidar un mercado robusto y contar con el personal capacitado para brindar soporte técnico en todo el país, comparable al que existe para vehículos de combustión interna. De manera similar, Walter Julián Ángel Jiménez, secretario de desarrollo energético de Tamaulipas, señaló que existen disposiciones administrativas para habilitar corredores de carga que faciliten desplazamientos más largos, y que la regulación actual permite cobrar por el uso de cargadores públicos, lo que abre oportunidades de negocio.
No obstante, para que esta industria prospere es indispensable contar con políticas públicas estables que proporcionen certeza jurídica. En ese sentido, Roberto Capuano Tripp, director del proyecto Olinia, comentó que el Gobierno mexicano trabaja en el desarrollo y pronta presentación de un vehículo eléctrico propio con modelos diseñados para las necesidades locales, esperando que se comercialicen a partir de 2027. Además, se contempla innovar con modelos que dispongan de baterías intercambiables para agilizar la recarga y uso.
Capuano enfatizó que incrementar la infraestructura de carga sin un parque suficiente de autos eléctricos dificulta el desarrollo del sector. Por ello, el enfoque nacional busca impulsar un vehículo fabricado y pensado para México y Latinoamérica, apuntalando la innovación local y fomentando el mercado interno, más allá de importar exclusivamente modelos extranjeros. Así, la transición hacia la electromovilidad demanda una integración coherente entre avances tecnológicos, regulación firme y formación de talento.


































































































