
La ofensiva militar ordenada por el expresidente Donald Trump contra Irán desde el 28 de febrero ha generado un impacto económico significativo para Estados Unidos, con costos diarios que podrían alcanzar entre 1,000 y 2,000 millones de dólares, según estimaciones del Pentágono y expertos en defensa. Durante la primera semana de operaciones, el gasto superó los 6,000 millones de dólares, monto que podría incrementarse considerablemente dependiendo de la duración del conflicto.
Los gastos incluyen una amplia gama de recursos militares: desde misiles Tomahawk, que pueden superar los 3 millones de dólares por unidad, hasta drones “kamikaze” baratos de aproximadamente 35,000 dólares cada uno. Por otro lado, la pérdida de activos como los tres aviones de combate F-15 y alrededor de 11 drones MQ-9 Reaper, valorados en decenas de millones, contribuye al aumento del desembolso militar. Además, el despliegue de cerca de 50,000 soldados y operaciones navales con portaaviones, cuyo funcionamiento diario ronda los 11 millones de dólares, elevan aún más el costo total.
Expertos señalan que gran parte de estos desembolsos no están contemplados en el presupuesto militar habitual, por lo que la administración estadounidense podría requerir fondos adicionales aprobados por el Congreso. Sin embargo, el incremento en los gastos ya genera preocupaciones, incluso entre algunos miembros republicanos, que exigen una evaluación cuidadosa antes de autorizar más recursos.
Más allá de la cifra económica, el conflicto afecta también mercados energéticos y financieros globales, incrementando la incertidumbre en precios de petróleo y la inflación, factores que impactan directamente en la economía estadounidense. Asimismo, la guerra ha causado pérdidas humanas significativas tanto para Irán como para Estados Unidos y otros países de Medio Oriente involucrados.


































































































