
Estados Unidos está promoviendo que la Organización Mundial del Comercio (OMC) transforme en permanente la actual moratoria que impide imponer aranceles al comercio digital. Esta iniciativa será uno de los temas centrales en la próxima conferencia ministerial de la OMC, que se celebrará a finales de marzo en Camerún. Desde que se estableció en 1998, la moratoria se ha venido renovando cada dos años, evitando así la aplicación de derechos aduaneros a las transmisiones electrónicas, incluyendo actividades tan variadas como compras en línea, redes sociales, transferencia de datos y videollamadas.
Sin embargo, la moratoria ha sido fuente de división entre distintos países, especialmente naciones como Brasil, India y Sudáfrica, que buscan mantener mayor flexibilidad para aplicar políticas nacionales y proteger sus ingresos por tarifas aduaneras. Estas diferencias se acrecientan frente al creciente dominio de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses y las inquietudes sobre la soberanía y la seguridad de datos, temas que han tomado fuerza a partir del auge de la inteligencia artificial.
Actualmente, un borrador de declaración apoyando la moratoria incluye a Estados Unidos, Singapur, Argentina, Japón, Corea del Sur, México y otros países, sumando 22 copatrocinadores según el embajador Joseph Barloon. El respaldo europeo también persiste, aunque persisten dudas sobre la posición de países clave como India y Sudáfrica. Estados Unidos sostiene que la permanencia de esta moratoria es esencial para brindar estabilidad a las empresas y promover el comercio digital global, señalando que posponer el tema solo genera incertidumbre.
La OMC estima que las exportaciones de servicios digitales alcanzaron los 4,8 billones de dólares en 2024, casi el doble del registro en 2017, con cerca del 70% proveniente de empresas europeas y norteamericanas. Mientras la moratoria garantiza un internet libre de barreras arancelarias, su no renovación abriría la puerta a la imposición de gravámenes que serían difíciles de aplicar técnicamente y podrían provocar fuertes reacciones. El desarrollo o rechazo de este tema refleja la complejidad de equilibrar intereses en el comercio internacional y la urgente necesidad de que la OMC se adapte a la economía digital actual.



































































































