
A sus 36 años, Alberto Baillères González enfrentó una de las pruebas más significativas de su vida cuando, días después de la muerte de su padre Raúl Baillères en 1967, recibió una inesperada convocatoria del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz. Este encuentro en Los Pinos marcó un antes y un después en su trayectoria como empresario y heredero del conglomerado familiar.
La reunión, que se extendió durante más de dos horas, estuvo cargada de un mensaje claro por parte del mandatario: Baillères tendría un camino difícil al asumir el liderazgo del imperio empresarial. “Tú joven y con éxito, te van a odiar”, le advirtió Díaz Ordaz, preparándolo para las críticas y desafíos que implicaba encabezar las empresas estratégicas para México.
En ese momento, Baillères aún dudaba si asumiría la conducción de los negocios heredados, pero Díaz Ordaz le aseguró que, por la cercanía con su padre y su involucramiento previo, era el sucesor lógico. Además, le expresó que contaba con el respaldo del gobierno, aunque reconoció la enorme responsabilidad que ello conllevaba.
A lo largo de su vida, Alberto Baillères enfrentó retos exigentes y se centró en consolidar el Grupo BAL, que reúne importantes empresas como Industrias Peñoles, El Palacio de Hierro y Fresnillo. Tras su fallecimiento en 2022, el liderazgo pasó a su hijo Alejandro Baillères, quien mantiene la fortuna familiar entre las más importantes del país. La advertencia presidencial reflejó la combinación de éxito y juventud que, según Díaz Ordaz, suele provocar recelos, pero también motivó a Baillères a forjar un legado empresarial sólido y duradero.



































































































