
La presidenta Claudia Sheinbaum ha presentado una nueva propuesta de reforma electoral que constituye la sexta iniciativa de este tipo desde 1977. Esta reforma apunta a consolidar un nuevo esquema político en México, que se describe como un cambio profundo hacia una democracia más auténtica y perfeccionada.
El texto de la iniciativa reconoce las cinco reformas previas, destacando su impacto al ampliar la representación, garantizar la autonomía de las autoridades electorales y controlar el financiamiento de los partidos políticos. Sin embargo, omite mencionar algunas reformas relevantes, como la de 1986-1987 que aumentó las curules de representación proporcional y estableció mecanismos de gobernabilidad que permitieron a un partido obtener mayoría absoluta aún sin el respaldo electoral mayoritario.
La propuesta plantea que México atraviesa actualmente un tercer modelo político, caracterizado por la existencia de un gobierno verdaderamente democrático, en el que la voluntad popular es respetada sin restricciones. En ese sentido, la reforma busca responder a demandas ciudadanas pendientes, como el fortalecimiento de la confianza en las instituciones electorales y la mejor vinculación entre los representantes y sus electores, limitando candidaturas plurinominales designadas por las dirigencias partidistas.
Aunque más moderada que propuestas anteriores, esta reforma sigue generando debate sobre su alcance y consecuencias. En particular, se destacan elementos como la reducción de diputados y senadores, modificaciones en el financiamiento partidista y la posible supervivencia de mecanismos de sobrerrepresentación a pesar del cambio. La iniciativa fue finalmente entregada para su análisis y discusión en la Cámara de Diputados tras varios días de espera.


































































































