
La próxima decisión sobre la tasa de interés de Banco de México (Banxico) genera división entre los analistas ante la incertidumbre provocada por el reciente conflicto en Irán, que plantea riesgos inflacionarios globales. La última Encuesta Citi de Expectativas revela que 18 de 35 especialistas anticipan un recorte de 25 puntos base en la reunión del 26 de marzo, situando la tasa de política monetaria en 6.75%, mientras que 15 proyectan que el descenso ocurrirá hasta mayo. Sólo dos analistas consideran que habrá ajustes después de ese mes. La mediana de la tasa al cierre de 2026 permanece estable en 6.5%, con un rango estimado entre 6% y 6.75%.
Banxico, que mantuvo la tasa en 7% durante su encuentro de febrero y adoptó una pausa tras evaluar el impacto inflacionario de mayores impuestos y aranceles, ha señalado que esta suspensión en el ciclo de recortes podría ser breve, lo que favorece la prospectiva de un ajuste a la baja este marzo. La gobernadora Victoria Rodríguez Ceja señaló que dichos choques inflacionarios han sido “acotados y transitorios”, sin provocar efectos de segunda ronda, aunque estas afirmaciones precedieron al ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán.
El contexto geopolítico en Medio Oriente, donde la región involucrada en el conflicto representa alrededor del 30% de la producción mundial de petróleo, puede generar presiones adicionales al alza en los precios de la energía, elevando así los riesgos inflacionarios globales y locales. Gabriela Siller, economista en jefe de Banco Base, advierte que si estos costos energéticos incrementan considerablemente, los bancos centrales podrían verse obligados a frenar o incluso revertir la tendencia al recorte de tasas.
En México, la inflación general se ubicó en 3.92% durante la primera quincena de febrero, superando pronósticos, mientras que la inflación subyacente descendió levemente al 4.52%. Analistas esperan un cierre de febrero con inflación general del 3.95% e inflación subyacente de 4.50%. Los riesgos hacia la inflación incluyen presiones en costos, depreciación del peso, tensiones geopolíticas y factores climáticos, que podrían afectar la trayectoria de la política monetaria nacional en el corto y mediano plazo.


































































































