
En México, la brecha salarial entre hombres y mujeres persiste como una de las manifestaciones más visibles de la desigualdad de género, a pesar de los avances legislativos recientes. La presidenta Claudia Sheinbaum firmó a finales de 2024 un decreto para incorporar la igualdad sustantiva y la perspectiva de género en la Constitución, incluyendo la prohibición de la brecha salarial por razón de género, un paso calificado como histórico.
Sin embargo, esta igualdad plasmada en la ley aún no se refleja en la realidad laboral de millones de mexicanas. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la tasa de participación laboral femenina aumentó de 39.5% en 2011 a 45.6% en 2025, pero sigue siendo considerablemente menor al 74.3% de los hombres. Además, las mujeres enfrentan obstáculos como las labores domésticas y de cuidado no remuneradas, que limitan su desarrollo profesional. Un ejemplo concreto es el testimonio de Monserrat Núñez, quien dejó su carrera en Recursos Humanos para dedicarse al cuidado de sus hijos sin recibir remuneración.
Expertos señalan que la diferencia salarial no solo se basa en un pago desigual por trabajos equivalentes sino también en la asignación social de roles que obliga a las mujeres a optar por empleos con horarios flexibles, reduciendo su jornada laboral y, por ende, sus ingresos. Miguel Calderón Chelius, coordinador del Observatorio Laboral de la IBERO Puebla, explica que el conocido “techo de cristal” es consecuencia directa de esas asignaciones sociales y culturales.
A nivel empresarial, la representación femenina en puestos directivos es limitada: solo el 14% de los consejos de administración en empresas listadas en la Bolsa Mexicana de Valores son ocupados por mujeres, cifra menor incluso a otros países latinoamericanos. José Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), afirma la importancia de fomentar la equidad de género basándose en el talento y no en el género, ya que “esto trae beneficios para la empresa en productividad”. Para las especialistas, un desafío importante es homologar las leyes secundarias con las reformas constitucionales y avanzar en la implementación del Sistema Nacional de Cuidados, que facilitaría la incorporación y permanencia de las mujeres en el mercado laboral.


































































































